Desde hace un tiempo en Minamata los animales de la zona se comportan de forma extraña. Primero un vecino ve a su gato caminar errático –con fuertes convulsiones a modo de danza extravagante– y luego saltar desde el puerto al mar para morir ahogado. Parecía borracho.
Pero no es el único. Ponto otros cuentan cosas parecidas y el rumor se extiende por todo el pueblo. Unos les llamaban “los gatos que bailan”, otros, “los gatos suicidas”. Los imagino bromeando sobre el tema en la taberna.
Las risas se apagan un poco cuando empiezan a aparecer peces muertos flotando en la orilla: poca broma, esos peces son el pan de todos en aquel pueblo. Y definitivamente la cosa no tiene ni puta gracia cuando las personas empiezan a ‘imitar’ a aquellos gatos bailarines.