Moringen fue un campo de concentración para jóvenes alemanes durante el régimen nazi. No es muy conocido. En parte porque no fue un campo de exterminio y su grado de brutalidad es incomparable a lugares como Auschwitz o Treblinka.
De 1940 a 1945 unos 1.500 jóvenes pasaron por allí, de los que se tienen 56 muertes contabilizadas. La mayoría murió por las durísimas condiciones de vida; algunos fusilados. Entre sus internos hubo otros tantos muertos difíciles de cuantificar, por ejemplo los causados por las “marchas de la muerte” al final de la guerra. Poca cosa dentro de la enormidad del Holocausto.
Auschwitz es la culminación del proceso, el ejemplo histórico más brutal del crimen, el asesinato concebido como un procedimiento industrial. La deshumanización absoluta. Pero a Auschwitz no se llega de repente. El camino hacia la terminal del horror se hace mediante estaciones como la de Moringen.