Era la mañana del 7 de septiembre de 1779, en pleno territorio comanche, en lo que hoy es el estado de Colorado. El orgulloso jefe Cuerno Verde se había visto sorprendido por el hombre blanco que, rodeándolo, lo había atacado por la retaguardia en una acción sorpresiva. Cuerno Verde siempre había derrotado a los blancos. Eso tal vez explica que, en inferioridad numérica, contraatacara. Los blancos se dividieron en tres columnas y consiguieron empujar a los comanches hacia un arroyo. Algunos guerreros consiguieron huir pero Cuerno Verde y un pequeño grupo de fieles bajaron de sus caballos y resistieron. Allí murió el gran jefe indio junto a su hijo mayor, sus capitanes y su hechicero.
«Y no teniendo otra alternativa, desmontaron y fueron hasta el arroyo y usando los cuerpos de sus caballos como barricadas hicieron una bizarra y gloriosa defensa«, escribió el hombre blanco que lo derrotó. Había nacido en el presidio de Fronteras (actual México), hijo y nieto de vascos de Hernani. Comandaba una tropa de soldados de cuera españoles. Su nombre: Juan Bautista de Anza.
A Juan Bautista de Anza y a Cuerno Verde algunas cosas les unía antes de enfrentarse: los dos tenían padres con el mismo nombre y a los dos los mató el enemigo. Al padre de Cuerno Verde, los españoles; al de Anza, los apaches. Tiempos en que los westerns hablaban en castellano.
Empezando por mí mismo, hay un profundo desconocimiento de la huella de los españoles en aquellas tierras del Far West. Los primeros westerns, como éste con los comanches, los protagonizaron la tropas de cuera: vascos, catalanes, andaluces, mexicanos, etc. Ellos llevaron los caballos que luego utilizaron de manera magistral tribus como los comanches. Ellos fueron los primeros blancos en abrir rutas por aquellos desiertos, en enfrentarse a las tribus indias por dominar el territorio. Hoy quiero explicar cuatro cosas de uno de ellos.
Juan Bautista de Anza hijo continúa la carrera militar de su padre, que había emigrado de Hernani y que llegó a ser capitán vitalicio del Presidio (un fuerte y una colonia, no una cárcel) de Sonora, que engloba lo que hoy el estado de Sonora y el de Arizona. El padre moriría en 1740 cuando su hijo tenía 3 años.
Como su padre, Juan Bautista gana ascensos es sus campañas contra los indios, en las que es herido cuatro veces. En 1759 asciende a capitán del presidio de Tubac (Arizona).
San Francisco
Pero Juan Bautista de Anza no pasa a los titulares (en inglés, en español ni nota al pie) de la historia por derrotar a Cuerno Verde sino por fundar la ciudad de San Francisco.
El principal problema de España era su escasa población, comparada con otras potencias europeas, frente al vastísimo territorio que pretendía colonizar. Las tierras del norte de México eran agrestes y las rutas muy difíciles para abastecer los pocos presidios y misiones españolas. Hasta ese momento se habían edificado misiones y fortificaciones en la costa de California, pero para mantener una presencia estable se necesitaba una ruta interior más consistente que pudiera dar acceso a la Alta California. Aquellos territorios eran inhóspitos pero codiciados por rusos y británicos. Había que adelantarse.
Así que, recuperando un proyecto que su padre nunca pudo realizar, Anza pide en 1772 permiso al virrey de México para montar una expedición hacia la Alta California. Él se hace cargo de los gastos. En 1774 inicia una primera exploración de reconocimiento. Le acompaña el misionero franciscano Francisco Garcés, 20 soldados, carpinteros, arrieros, etc. haciendo un total de 34 personas. Llevaban 35 mulas cargadas con víveres, municiones, equipajes, tabacos y “otros utensilios necesarios para terrenos ignorados” así como 65 reses. Sí, yo también me pregunto qué utensilios serían esos. Partieron del Presidio de Tubac el día 8 de enero de 1774, atravesaron el Valle de la Muerte y llegaron al río Colorado donde contactaron con los indios yumas, viejos amigos del padre Garcés. Después de llegar a la costa y pasar por la misión de San Diego llegaron el 18 de abril a Monterrey. Establecida esta ruta segura (con agua suficiente) volvieron a Tubac tras recorrer casi 3.000 kilómetros en 160 días, lo que le valió el ascenso a Teniente Coronel.

Preparado ya para la segunda expedición recluta colonos en Culiacán y otros lugares y el 21 de octubre de 1775 salen desde el presidio de Tubac 240 personas, entre soldados, misioneros, arrieros y sirvientes. Transportan un millar de cabezas de ganado. Siguieron el camino abierto por el padre Garcés y el propio Anza hasta Monterrey. La marcha por el desierto del sur de California fue, lógicamente, penosa. La provisión de agua era vital, así que Anza dividió la expedición en tres partidas que viajaban a un día de distancia para que los pozos pudieran llenarse entre un grupo y el siguiente. Desde Monterrey siguió hacia el norte, hasta llegar una gran bahía natural. Allí Anza fundó el Presidio Real de San Francisco, donde, a finales de ese mismo año de 1776 se fundó la Misión de San Francisco de Asís, conocida hoy como “Misión Dolores”, inicio de la ciudad del Golden Gate. Pues eso, misión cumplida y de vuelta a casa.
Anza, que otra cosa no, pero no sabía estarse quieto, comandó otra expedición: abrió una ruta entre la ciudad de Arizpe, sede del gobernador de Nueva España, y la villa de Santa Fe (Nuevo México), en 1780. Esta expedición es menos conocida pero más peligrosa, ya que atravesaba territorio apache, quienes seguían en guerra contra los españoles. Durante el trayecto fueron vigilados a cierta distancia por exploradores apaches (qué estampa de western) y atacados varias veces. Pero la ruta se completó sin mayor novedad.
Posteriormente fue nombrado gobernador de la provincia de Nuevo México, cargo que abandonó para ser comandante del Presidio de Tucson. Recién nombrado, muere repentinamente en 1788 y es enterrado en Arizpe.
Pacificador
Pero quiero volver un momento al inicio, a su expedición de 1779 que abría esta entrada. Porque entre sus hazañas queda otra por narrar.
Entre 1750 y 1876 los comanches fueron el terror de los blancos en la frontera. Habían adquirido los caballos de los españoles y se convirtieron en una de las caballerías de guerra más efectivas de la historia. Anza se había dado cuenta de que tenía que eliminar la amenaza con una gran victoria, así que decidió cambiar las tácticas y jugar en su terreno sustituyendo las grandes formaciones por grupos pequeños que sorprendieran a los indios. El 15 de agosto salió de Santa Fé con 600 hombres, a los que se unirían 200 apaches y yutas. El día 22 acampó en un pantano al que llamó San Luis por ser ese día el del rey de Francia. Usando exploradores y tropa ligera y marchando de noche Anza atacó por sorpresa el campamento de Cuerno Verde el día 31. Éste, con algunos guerreros, consiguió huir pero Anza les persiguió y les atrapó el 7 de septiembre. El 10 ya estaba de nuevo en Santa Fe.
La derrota del invencible Cuerno Verde tuvo un impacto tremendo sobre las tribus indias. Los navajos, por ejemplo, tras recibir las noticias pidieron la paz de inmediato. Anza consiguió lo que muchos otros colonizadores blancos anteriores y posteriores no lograron: tras derrotar a los comanches firmó un tratado de paz efectivo con ellos para el territorio de Nuevo México. Fue uno de los pocos tratados de paz entre indígenas y colonizadores que ambas partes respetaron. Mientras el estado de Texas, o los Estados Unidos posteriormente, trataron el problema a sangre y fuego, acabando con el exterminio de los últimos comanches en 1876, Anza consiguió que la orgullosa tribu nativa fuera un fiel aliado de Carlos III. Usando la diplomacia, con una mezcla de palo y zanahoria aliñado con alianzas contra otras tribus (muy al estilo Cortés), Anza fue el artífice de que durante muchos años, mientras los comanches guerreaban contra los colonizadores anglosajones, su frontera con España fuera relativamente segura. Allí se acercaban a negociar con caballos, comercio del que surgieron los comancheros. Así que ya lo saben, durante un tiempo la nación comanche y el Reino de España fueron aliados.
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Caray con el mexicano, manito. Gente dura, si señor.